Moscú, la Tercera Roma, y San Petersburgo, la ventana a Europa

  • Finalizado
    • Conferencia sobre Arte y coleccionismo
    • DR. CARLES BUENACASA

      Doctor en Historia Antigua. Especialista en Mundo Clásico y Antigüedad Tardía

    • Fundació Arqueológica Clos
    • 26 de enero de 2017 a las 19h

Antes de 1453, Rusia y Bizancio tuvieron muchos desacuerdos. Sin embargo, cuando Constantinopla, la Segunda Roma, cayó en manos otomanas y la Iglesia ortodoxa se quedó sin su protector, Moscú no tuvo ningún inconveniente en autoproclamarse Tercera Roma y, por ende, nueva patrona de los ortodoxos del mundo. Ahora bien, la situación geográfica de Moscú no era la más idónea para las ambiciones universalistas de los nuevos zares de Rusia que, como herederos de Bizancio, querían ser aceptados por los monarcas europeos. Era necesario, pues, acercarse a Europa.

Por este motivo, cansado del frío de la siempre gélida Moscú, el zar Pedro el Grande decidió en 1703 fundar una ciudad que le sirviera de balcón hacia el refinamiento y la sofisticación de las cortes europeas.

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